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11.12.09

Programación neurolingüística

Una pena, lo de Vila-Matas. Tan capaz y tan aburrido. Haced la prueba: coged cualquiera de sus textos, copiadlo en una hoja en blanco y subrayad a dos colores; con rojo las acciones -verbos- que el autor/narrador lleva a cabo de cuello para arriba, y con verde las de cuello para abajo. Veréis qué diferencia. Su último artículo para El País Semanal, "La lluvia en Brighton", sin ir más lejos, es el culmen de lo que estoy diciendo. "Recuerdo", "veo", "pensé", "me parecía", "sentí", "había previsto", "reparé", "me acuerdo", "comprendí", "había leído" y la gran cabriola "escapé del guión y pasé a modificar los aspectos más ásperos de lo que pensaba" van en rojo. "Escribí", "me acercaba a la ventana" y "bajé (...) al supermercado a comprar café", en verde, en un exceso.

Entiendo que no se aprende a escribir en la calle sino con una pierna esposada al escritorio. Pero también entiendo que si no pisas la acera pronto no habrá nada sobre lo que escribir. La habitación de hotel, el barito de turno y la mollera de uno pueden servir de filón por un tiempo, pero cuando los pensamientos empiezan a retroalimentarse (solo en ese texto hay quince palabras que derivan del verbo pensar), es como cuando el cuerpo humano empieza a absorber las proteínas de sus propios músculos tras varias semanas de ayuno. También se parece a comerse los mocos, y a hablar de los muertos.

¿Por que no escribe directamente tratados de filosofía, o se crea un alter ego pelín más sanguíneo, o tira de invención en vez de vivencia? ¿Por qué nos martiriza con esa primera persona rumiante y pasiva, observadora y estanca? ¿Por qué no aprovecha todo su ingenio y estilo para salir del huevo?
Me conformaría, de verdad, con leerle un puñetazo encima de la mesa.

(En la imagen, "Insomnia" de Jeff Wall.)

30.11.09

El tomate


"Hablaré de publicidad y también de tomates, porque las personas serias,
las que realmente valen la pena y tienen algo que decir, siempre hablan de tomates.
Actualmente los verdaderos filósofos ya solo hablan de tomates.
El tomate encierra un secreto y estamos a punto de descubrirlo."


Arturo San Agustín
El Periódico de Catalunya
Miércoles 11 de noviembre de 2009

(Lo de la foto es "Bycicle Wheel" de Marcel Duchamp.)


No tengo idea de por qué, pero el suceso primordial es siempre tabú. Lo que está pasando, lo más importante de todo lo que ocurre en este momento es, precisamente, lo que no se puede decir. Y si se puede es que ha dejado de importar o nunca fue para tanto. Ese es el mayor problema de cualquiera que escriba públicamente. O la mayor suerte, según, porque hay novelas de quinientas páginas, trescientas mil palabras, que nunca se hubieran escrito de poder nombrar, escribir, o siquiera pensar en una sola que nunca estará entre las demás. Pero no se puede, ni eso ni estornudar con los ojos abiertos, y así estamos: escribiendo y mintiendo, como bellacos.

Sí; es descorazonador. Lo único a lo que se puede aspirar es a envejecer e ir contando lo que ya no importa con la única pasión del recuerdo. Eso o aprender a marear muy bien la perdiz, o sea, no decir nada pero echarle gracia. Dicho esto, parece normal que los escritores, poetas y letristas de canciones románticas tengan más cara que espalda. Tú crees que hablan de amor con amor, pero resulta que solo se puede hablar de amor sin amor.
Que nadie se acerque a uno de ellos.

En las letras nunca estuvo ni estará la verdad, y en los cafés solo se dicen tonterías, así que a lo que hay que estar atentos es a la omisión: "Cese temporal de la convivencia matrimonial". Claro, la palabra oculta era divorcio, pero a quién le importa ahora que lo dicen hasta ellos.

9.8.09

Post adolescente lamentable

Un cuarto de hora después de ver esto, en cuanto se me ha pasado el primer ataque risa, he entendido lo del sábado pasado. (Para ser sinceros primero he pensado: "Hay que ver cómo van estos de eme" y después me he acordado de una canción de Ultraplayback llamada "Mal dance"; pero luego sí, lo he entendido y se me han quitado las ganas de chistes.)

El sábado, decía. El sábado acabé en una fiesta de rebote. Una de esas cenas en la terraza de alguien a la que nadie te ha invitado directamente. Qué queréis que os diga; que iba en buena compañía, que no tenía nada mejor que hacer y, bueno, supongo que media docena de cervezas podrían redondear el argumento. Todos los que estaban allí eran amigos o parientes de un famoso local, también presente, y yo pronto me lié con las sardinas a la brasa, la gente y una cuantas cervezas más. Todo estupendo hasta que solté un comentario (innecesario del todo) que me relacionó con el periodismo, a partir del cual el famoso no volvió a dirigirme la palabra. Al irse, se despidió de todos menos de mí.

Hasta hoy no había entendido nada. Pero ahora caigo en que si, como ya dije, los escritores son unos pusilánimes, los periodistas/críticos culturales son unas sanguijuelas. Como en el vídeo de arriba, todos acudimos donde sea que alguien se lo pasa teta, a quedarnos con el rollo, a llevárnoslo por la cara, a apuntarnos el tanto o a ver si se nos pega, normalmente sin aportar. Aparecemos cuando algo empieza a ir muy bien o muy mal, o sea, que llegamos cuando en realidad ya no hacemos ninguna falta.

Hace ocho años dejé la psicología porque, sobre todo, no quería convertirme en une voyeuse de la vida. Pero aquí me tenéis, vuelta a caer del mismo peral y sin saber todavía para qué cuernos me levantaré algunos días de la cama.

(La foto la he raptado de aquí.)

8.7.09

The truth about writers

Leo la prensa online, un día más, y descubro la que parece la única novedad literaria del día. Desmotivada del todo, me lanzo a la internacional y acabo dándome de bruces con un artículo que asegura los escritores somos unos cuentistas (en el mal sentido, se entiende). Lo dice un profesor de escritura de la Cornell University y yo lo corroboro: esta es una profesión de pusilánimes. Somos los anti-acción. Tengo un amigo que empezó su blog el día que conoció a las espectaculares amigas de su novia. Le gustaron todas pero, claro, no podía tocarlas. ¿Y qué hizo? Encerrarse entre cuatro paredes y escribir (entre otras cosas). ¿Alguien conoce a un buen escritor que sea torero, velocista, boxeador o experto en desactivar minas antipersona? Pues eso; que mucho lirili y poco lerele. Yo misma, si tuviera agallas, en vez de hacer como que escribo hubiera seguido los pasos de Cristina Martínez, la extremeña que cruzó el charco, montó una banda con Jon Spencer y se casó con él. I dig your groovy hips/ I dig your barbecue lips son dos versos que desde luego no pasarán a la historia de la literatura pero encierran mucho más amor, valor y verdad que las obras completas de César Vidal, por poner un ejemplo.

Books'n'roll